Una decisión radical cambió la vida de Mauricio Acosta, un joven peruano de Chiclayo que abandonó su carrera como chef y renunció a la rutina laboral para iniciar un viaje por Sudamérica junto a un grupo poco común de compañeros: ratas entrenadas con las que realiza presentaciones artísticas en plazas y espacios públicos.
Acosta se desplaza por ciudades de Perú, Ecuador y Colombia, desde hace dos años, donde llama la atención por demostrar la inteligencia y disciplina de los roedores que él mismo cría y amaestra. Su propuesta rompe estereotipos sobre estos animales que muchas personas teme.
Actualmente viaja con tres ratas llamadas Sky, Chuleta y Wira, cada una con distinta edad y procedencia. Con ellas desarrolla rutinas que incluyen juegos, recorridos por circuitos improvisados y respuestas a llamados por su nombre, evidenciando el vínculo que ha construido con los animales desde que conoció a su primera rata durante una estadía en Colombia.
UNA TRAVESÍA SIN ESTABILIDAD, PERO CON PROPÓSITO
Para financiar su recorrido, Mauricio vende su arte en las calles y reúne lo necesario para costear pasajes y alimentación. Aun así, su historia ha cruzado fronteras y ha sido destacada por medios locales e internacional que lo han presentado como un caso singular de creatividad y perseverancia de luchar por lo que te apasiona.



