Considerado un sinónimo de domingo familiar y un símbolo de identidad, el seco de cabrito se consolida como uno de los platos más queridos de la gastronomía peruana. En Chiclayo y todo Lambayeque, este guiso es el protagonista indiscutible de picanterías y restaurantes, atrayendo tanto a locales como a turistas por su intenso sabor y aroma a cilantro.
Aunque el cabrito fue introducido por los españoles, el plato tiene influencias prehispánicas. Se cree que el cabrito reemplazó a la llama costera o al venado en la dieta local, tras hallarse restos de estos animales en contextos arqueológicos como la tumba del Señor de Sipán. Incluso el término "loche" proviene de un vocablo mochica que significa "lágrima de luna".
La preparación del seco de cabrito varía según la región, pero en Lambayeque el ingrediente que marca la diferencia total es la presencia del zapallo loche. Mientras que en Piura se suele usar pimiento y en Trujillo se emplea una cebolla roja de cabeza verde, en la cocina chiclayana el loche es el que transforma el guiso.
Combinación contundente
Este plato no se sirve solo, para una experiencia más completa se acompaña de arroz blanco, fréjoles, yuca sancochada y su salsa criolla. Los comensales destacan que no es solo la carne lo que conquista, sino el guiso que lo convierte en un almuerzo fijo para cualquier reunión.
"El que viene a Chiclayo se queda encantado. Nos sentimos orgullosos porque el cabrito es un plato bandera de nuestra región", comentó un entrevistado, resaltando que el plato se prepara y consume a diario en la zona.

