Los cuervos, aves reconocidas por su inteligencia y capacidad de adaptación, también protagonizan uno de los comportamientos más llamativos del mundo animal: el llamado “anting” o “hormigueo”. Diversos estudios han documentado que especies como el Corvus corax realizan esta práctica como parte de su rutina de cuidado corporal. Lejos de tratarse de un mito, se trata de una conducta observada y descrita por especialistas en ornitología.
El comportamiento consiste en frotar hormigas vivas sobre las plumas o recostarse directamente sobre hormigueros para permitir que los insectos recorran el cuerpo del ave. Esta acción puede parecer extraña, pero tiene una explicación biológica. Muchas hormigas liberan ácido fórmico, una sustancia química con propiedades que pueden resultar útiles para las aves.
¿Por qué los cuervos usan hormigas en su plumaje?
La hipótesis más aceptada sostiene que el ácido fórmico actuaría como un agente natural contra parásitos externos como ácaros y piojos, contribuyendo al mantenimiento del plumaje. No se trata de una “cura” en el sentido médico, sino de un mecanismo de higiene y prevención que podría ayudar a reducir la presencia de organismos que afectan la piel y las plumas.
Si bien la comunidad científica coincide en que el “anting” es un comportamiento real y documentado, aún existen debates sobre sus alcances. Algunos investigadores plantean que también podría servir para preparar a las hormigas antes de ingerirlas, neutralizando sus defensas químicas. En cualquier caso, se trata de una muestra más de la complejidad conductual de estas aves, cuyo repertorio sigue despertando interés en el ámbito científico.

