24 Horas Edición Central

30/06/2026

Al menos 7 transportistas mueren cada mes a manos de extorsionadores

Entre agosto de 2024 y mayo de 2026 se registraron 214 atentados contra el transporte público vinculados a presuntos casos de extorsión.




La delincuencia continúa golpeando al sector transporte con una preocupante escalada de violencia. El reciente asesinato de Willy Huamán San Jorge, vigilante de la empresa de transportes La Unidad de Villa, conocida como "La W", en San Juan de Miraflores, refleja el riesgo permanente al que están expuestos trabajadores y empresarios frente a las organizaciones dedicadas a la extorsión. Dos sicarios ingresaron al patio de maniobras de la empresa y lo ejecutaron a balazos, mientras la Policía investiga si el crimen está relacionado con el cobro de cupos.

Las cámaras de seguridad registraron el ataque. Los delincuentes ingresaron sin despertar sospechas, caminaron hasta la caseta de vigilancia y dispararon en varias oportunidades contra la víctima. Luego huyeron del lugar, pero regresaron segundos después para confirmar que el vigilante había fallecido antes de escapar en un automóvil negro. El crimen ha generado temor entre los transportistas que cubren la ruta entre San Juan de Miraflores y La Perla, quienes denuncian ser víctimas constantes de amenazas y extorsiones.

Las cifras del Observatorio de Criminalidad del Ministerio Público evidencian la magnitud del problema. Entre agosto de 2024 y mayo de 2026 se registraron 214 atentados contra el transporte público vinculados a presuntos casos de extorsión, dejando 283 víctimas, de las cuales 152 fallecieron y 131 resultaron heridas. Esto representa un promedio de casi 10 atentados y siete muertes por mes, una tendencia que mantiene en alerta al sector.

CRIMINALIDAD EN CIFRAS

El informe también revela que el 94,4 % de los ataques estuvo dirigido contra vehículos de transporte público, mientras que el 97,7 % de los atentados fue perpetrado con armas de fuego. Además, en el 60,3 % de los casos los delincuentes utilizaron motocicletas para cometer los ataques, una modalidad que continúa siendo una de las más empleadas por las organizaciones criminales dedicadas a la extorsión en Lima y Callao.


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